de Saigón a My Tho

Foto

Por fin llegó el primer día de bicicleta… ¿qué significa? Primer día de madrugar, de recoger con prisa tus cosas para meterlas en las alforjas, primer día de adaptar y cargar la bici, primer día de desayunar mirando el reloj, primer día de hacer el check out, primer día de conducir por una ciudad desconocida y caótica sin saber si vamos a llegar al siguiente punto de nuestra ruta.
El hotel ha tenido la deferencia de adelantarnos el desayuno para que podamos salir más temprano. El calor y la humedad son terribles a medio día y hay que intentar avanzar lo máximo antes de llegar a esas horas. Así que terminamos de desayunar en la terraza del 5º piso y bajamos recepción con nuestras alforjas. Ni siquiera nos saludamos, cada uno concentrado en lo suyo. Pagamos la habitación y nos enfrentamos a la primera situación estresante del día. La calle está invadida por puestitos de pescado y todo tipo de alimentos. Las aceras son impracticables así que fuera no el un sitio apropiado para cargar las bicis. Pero ni siquiera una duda. Si no es aquí es allí. Del modo que sea.

Foto

El Hotel Chez Mimosa nos ha dejado una muy buena impresión. Cierto que es un poco ruidoso y que carecer de ascensor para subir 5 pisos es un handicap considerable, pero la amabilidad de los propietarios suple con creces sus deficiencias. Han hecho lo que tiene que hacer un hotel sin ascensor (y que no suele ocurrir tan a menudo): subirte y bajarte las maletas en tu entrada y tu salida. No es algo que necesitemos pero se agradece el gesto. Además han guardado nuestras bicicletas en sus propias habitaciones durante 2 días (pues viven en una zona reservada dentro del propio hotel). Y toda esta amabilidad ha tenido su colofón esta mañana en el momento de nuestra partida. En lugar de ponernos de patitas en la calle para que carguemos las bicicletas entre esa marabunta de gente, han puesto a nuestra disposición el vestíbulo de la entrada. No tengo que contar la que hemos armado. Nuestras 6 bicis y todo nuestro equipaje desplegado en el minúsculo vestíbulo… y ellos manteniendo la calma con una sonrisa. Eso no te lo permite cualquiera.
Luego nos despedimos. Salimos. No queda otra. Bajamos hasta la acera con las bicis cargadas, esquivando a la gente para alcanzar la calle.

Foto

De golpe y porrazo, antes incluso de empezar a pedalear, ya estás en marcha, sin tiempo de plantearte nada. Ni una duda. No recuerdo si los puestos que flanqueaban ese estrecho pasillo que se abrió en la acera y que nos llevaba hacia el centro de la calle, eran de carne o pescado, de ropa deportiva, de zapatos, de bolsos… Y cuando llegamos al otro lado, nos ponemos en fila y… pedaleamos. Avanzamos hasta la primera intersección.
–¿Vamos todos? –
Ruido de bocinazos, motores, música, voces… Es como si soltaras toda la mierda que te atormenta de pronto. Te quedas limpio. No queda nada dentro de tu cabeza, solo la calle.
El tráfico en las ciudades vietnamitas tiene su paradigma en los cruces, donde es posible (esté prohibido o no) entrar y salir por cualquiera de sus entradas y en cualquiera de sus direcciones. Eso crea un caos de vehículos y trayectorias que, misteriosamente se resuelve sin consecuencias. Los protagonistas (vengan del lado que vengan) van haciendo pequeños ajustes y ocurre como en esas batallas de película, cuando los ejércitos que se enfrentan, tras la arenga de sus generales, corren el uno hacia el otro. Parece que van a chocar y que la colisión será terrible pero… se introducen el uno en el otro, se mezclan. En la bici es lo mismo, vas asustado, pero sigues peleando. Y es que el tráfico es tan denso que te arrastra como una corriente y sabes que detenerte en un cruce es aún más peligroso que seguir avanzando. Los que vienen detrás te podrían pasar por encima. Así que el futuro está allí delante. Te armas de valor, aprietas los dientes y avanzas. No sé si alguno de nosotros ha gritado en el primero que acometimos, o en el segundo, o en cualquiera de ellos. Hasta es posible cerrar los ojos. Pero esperar a que disminuya la densidad en un cruce… es una vana quimera. Y lo hemos aprendido esta mañana de golpe, en un parpadeo… y estamos vivos.
Las grandes avenidas tienen algún semáforo, y esos sí se respetan. Nos da tiempo a reagruparnos. Nos miramos pero ni siquiera cruzamos una palabra. No hay nada que decir. Se pone verde y reemprendemos la marcha. Ahora a la izquierda, a la derecha.

Foto

Poco a poco, a medida que nos alejamos del centro de Ho Chi Minh, la densidad de tráfico disminuye. Llegamos a un canal y tomamos nuestro primer transbordador. Tenemos que comprar el billete en un minúsculo quiosco que hay junto al camino.

Foto

Entendemos que va a ser una constante a lo largo del viaje. Subir con nuestras bicicletas mientras todos observan con genuina curiosidad lo que ocurre. Se acercan, toquetean la bicicleta, miran el mapa.

Foto

Somos la novedad esta mañana, la anécdota de la que hablarán en la cena. Algunos intentan cruzar algunas palabras pero… es misión imposible. Risas por ambas partes. Una delicia para el viajante ávido de interactuar con las gentes.


El viaje no dura sino unos pocos minutos. Las motos se ponen en marcha, el transbordador se llena de humo y vamos saliendo. Las bicicletas nos rezagamos y salimos los últimos.

Foto

De vuelta a la carretera cruzamos un enorme mercado de mayoristas. Enormes naves, camiones cargados y anchas avenidas sin a penas tráfico. ¿Qué hacemos en un lugar como este? El cinturón que rodea a una ciudad cualquiera, hasta que poco a poco, las calles densamente pobladas van dando paso a los campos de arroz y al silencio. Las carreteras secundarias, de cemento, están en muy buen estado. Todo el camino hasta My Tho está densamente poblado. Hay grandes campos de arroz, pero también muchas casas, mas o menos humildes, a ambos lados del camino. Gente. Poco a poco los coches desaparecen y solo nos cruzamos con motos y grupos de niños uniformados camino del colegio en sus bicicletas.

Foto

Va uno embobado, hipnotizado por este paisaje. No tanto por su belleza como por la novedad que supone. El modo de vivir esta gente tan diferente al nuestro. Mas adelante la carretera de cemento se convierte en un camino de tierra, y eso enlentece la marcha. Y un poco más adelante todavía el camino de tierra empieza a estrecharse. Entonces sí que surgen algunas dudas. Pocas casas y nadie que transite por ellos. Tanto llega a estrecharse que se convierte en una estrecha lengua de tierra de no más de 30 centímetros de ancho. No lleva a ninguna parte o, si llega, no es una buena opción pues nos frena demasiado.

Foto

Llegamos a una intersección complicada. Si queremos seguir avanzando tenemos que bordear un campo de arroz anegado de agua. Nadie a quien preguntarle. El camino es tan estrecho que no hay forma de ir caminando: la bici y el ciclista en paralelo no caben. Solo hay sitio para la rueda y, a ambos lados, el agua. Nos tiembla el pulso en el avance, como un funambulista que hubiera perdido la confianza sí mismo. Hasta que sucede lo inevitable. Pierdes la trayectoria, frenas de golpe, la rueda patina, y vas al agua.
–¿Es profundo un campo de arroz?
– Ni sí ni no… Lo suficiente.
Llegado a este punto tenemos que retroceder, no podemos arriesgarnos a seguir cayendo, uno tras otro hasta el infinitos, como en la película esa: Atrapado en el tiempo. Sacamos al compañero y a la bicicleta del barro. Tres parabas de consuelo. Pero el equipo no necesita condescendecia para seguir adelante. A esto es a lo que hemos venido. Una sonrisa. Buscamos una ruta más principal para dar un rodeo y seguimos con nuestra marcha.

Foto

La caída no supone un gran contratiempo porque la alternativa, siendo un largo rodeo, es una carretera asfaltada que nos permite ir deprisa. Un poco más adelante el río vuelve a cortarnos el paso. Cruzamos en transbordador al otro lado y parece que, esa escueta parada, fuera lo necesario para tomar resuello.

Foto

Luego encontramos grandes plantaciones de Pitahaya (fruta del dragón), una especie de cactus cuyo fruto recogen y cargan en pequeños camiones. Vemos alguno tirado en el suelo como un regalo al caminante exhausto. Merece una escueta parada. Su interior es dulce y de un rojo intenso, está caliente pero nos agrada. Y es que ya es medio día y estamos a 40º (a la sombra). Cuando paramos a probarlo, una pareja de ancianas se percata desde su casa y salen a saludarnos con una pieza de fruta en la mano. Se establece una conversación entrañable en la que ninguna de las partes entiende lo que dice la otra. Los gestos y las sonrisas son suficiente. Vienen a demostrar que no es necesario entenderse para llevarse bien. Nos regalan una nueva pieza de fruta. Aparentemente es igual que la otra pero su carne es blanca.

Foto

Nos despedimos con ternura de las ancianas (después de la preceptiva foto). En esa zona la carretera está en muy malas condiciones y los camiones pasan a buena velocidad levantando una nube de polvo que resulta desagradable. Se nos acaba el agua y, un poco mas adelante, tenemos que reposar en un puesto junto a la carretera.

Foto

Después de esta parada viene la parte más dura. Medio día en el Delta del Mekong, una humedad y un calor sofocante al que tendremos que acostumbrarnos tarde o temprano. La nueva postura sobre una bicicleta extraña. La poca costumbre de beber tanta agua. La intranquilidad de no saber cuánto va a llevarnos la ruta y la falta descansos para intentar llegar más temprano. Una serie de factores que acaban con nuestra resistencia. La ruta de hoy parece que no termina y algunos empezamos a tener calambres y otro tipo de malestares. Redistribuimos el peso de las alforjas entre los que están más enteros y bajamos un poco el ritmo. Hay que beber más agua.
La entrada a My Tho no es tan complicada como la salida de Ho Chi Minh, entretenida y no exenta de cierto peligro, con esos cruces imposibles que quitan el hipo a cualquiera pero, quieras o no, es una ciudad más pequeña. Sin embargo, también se hace dura, porque estamos cansados. El bullicio de la ciudad y el peligro hace que te olvides de todo. Tienes que prestar atención al tráfico y dejas de prestarte atención a ti mismo. Nada te duele. No sufres. Solo pedalear y seguir adelante.

Foto

Cruzamos la ciudad y salimos por el lado contrario para cruzar el largo puente colgante que lleva a una pequeña isla de Thoi Son, en medio del delta. Allí se encuentra nuestro alojamiento esta noche. El Thoi Son River Lodge, un alojamiento de rústico lujo que llama la atención en un lugar como ese. Deben ser casi las 17:00 horas cuando llegamos ante su puerta. 100 kilómetros de fatigas en 9 largas horas sobre la bicicleta.

Foto

Nos abrazamos como si hubiéramos escalado el Tourmalet. Para ser el primer día, no nos ha resultado fácil. Nos reciben los propietarios con una frescura liviana, como si nada ocurriera más allá de este oasis. Una pareja de franceses muy cordial y amable, con ganas de conversación. Nos ponen al día de las peculiaridades del hotel y de su aventura allí.
Nos tomamos un Gin Tonic en la piscina, que tiene unas estupendas vistas del rio y, después de una agradable ducha, cenamos por (5.700.000 VND) en el restaurante del hotel. Hay algunos turistas. No estamos por la labor de subirnos a la bicicleta para buscar un restaurante en los alrededores. La carta está dividida en cocina francesa y cocina vietnamita. Nos gustan más los platos de cocina vietnamita, si bien el precio, visto lo que puedes encontrar en la calle, es bastante elevado.

Foto

Me tumbo en la cama para escribir estas notas. No quiero dormirme porque solo ha sido el primer día y sé que mañana tenemos más de lo mismo. Nada recuerdo de mi propia vida, de mi casa, de mi trabajo, de mi familia, de mis amigos. Apenas hemos empezado nuestra aventura y el viaje ya ha tomado las riendas, me absorbe. Solo el cansancio y las sensaciones que llegan desde mis músculos están presentes. Por delante solo la ruta de mañana. ¿Podremos hacerlo? Oigo los motores de los barcos que circulan por el río, hacia arriba y hacia abajo, un tráfico denso que no se detiene, mientras me voy quedando dormido.


>>PASA A LA PÁGINA SIGUIENTE>>

Foto
Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 España