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Resulta complicado describir el viaje que hicimos por Dinamarca, quizás porque es el único viaje que hemos hecho en Europa en el que no hemos seguido un río. Nos aventuramos a ir con la confianza de que se trataba de un país eminentemente llano y, salvando alguna pequeña colina que se nos atravesó, satisfizo nuestras expectativas.
La experiencia nos ha demostrado que, cuanto mayor es la distancia total recorrida en un viaje más monótono y pesado se hace… esto es, te acabas aburriendo de hacer siempre lo mismo y ver siempre lo mismo, por lo que, en la medida que los kilómetros aumentan debe aumentar también la variedad de experiencias que se asocian al día a día. Seguir un río puede ser cómodo y resultar fácil, te asegura hermosos paisajes pero, si es tu compañero a todo lo largo del camino… acaba resultando cansado. Esa fue la gran aportación de Dinamarca. Una gran ciudad como Copenhague, es una experiencia determinante, pero la obligación de tomar un transbordador, un barco o un tren, alojarte en un hotel o en una casa en el campo, ir por la costa o tierra adentro. Esa diversidad repercute en que nuestra impresión final fuera muy gratificante.
Se trata de un recorrido circular que cruza por tres grandes ciudades: Copenhague, Aarhus y Odense; en un país donde la bicicleta está absolutamente presente y existen grandes carriles bici.
Siendo Copenhague una gran ciudad y teniendo vuelos directos prácticamente desde toda Europa, no resulta difícil llevar tu propia bici, pero al ser una ruta circular puedes evitarte el engorro que supone empaquetar y desempaquetar tu bici. Hay varias empresas que alquilan bicicletas de todo tipo y muy buena calidad.
El tiempo pudiera ser el mayor inconveniente si no eliges bien la fecha, pues la lluvia está muy presente. Nosotros tuvimos suerte.
Esta página web también puede ayudarte a organizarlo.
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